
Llamó a la puerta,
era noche cerrada,
helada como los huesos
de los olvidados.
-Ábreme-, me dijo.
-No puedo-, respondí.
Estoy encerrada,
no hay llave que abra
mi incierta morada.
-Tiéndeme tu mano-, me dijo.
-No puedo-, respondí.
He sido marcada,
Mi infausto destino
atrapa mis brazos,
me paraliza, me amarra.
-Acerca tu oído-, me dijo.
-No puedo-, respondí.
Mi fuego se apaga,
no hay voces que puedan
encender su llama.
-Aguardo-, me dijo.
No le respondí.
Y la Vida, obstinada,
se sentó tras la puerta,
a esperar que le diese
la llave de mi alma.
Sahida Hamido
Sahida Hamido